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RAFAEL AROCHA

2025

Alguien recordará al gallotia auritae

El patrimonio se hereda. Se heredan arquitecturas, lenguas, formas de hacer, palabras, dioses... También heredamos la forma en la que aprendemos a relacionarnos con todo ello, cómo lo cuidamos, cómo lo interpretamos o cómo lo nombramos. El patrimonio se crea y se transforma, está vivo. Vive en nosotros y en lo que nos rodea. Y, en ese estar vivo, nos contamos y nos cuentan para que, en el peliagudo ejercicio de intentar explicar cómo somos, seamos capaces de llegar a un consenso que nos defina. Me pregunto cómo creamos identidad en el tiempo en el que nos ha tocado vivir, ¿lo hacemos si decimos muchas veces “¡oh mi niño! eso es así de toda la vida”? Y cuando alguien graba sus iniciales en la piedra o amontona callaos uno sobre otro, ¿tendrá eso valor patrimonial dentro de 100 años? ¿Pueden las imágenes convencernos para ser más amables o hacernos pensar que vivimos en un paraíso? ¿Pueden “otras” imágenes hacernos cuestionar lo que damos por hecho o transformar lo preestablecido?

Hay algo inefable que determina lo patrimonial. Puede ser parte de nosotras como lo es la familia y nunca ser cuestionado o ignorado porque nos resulte tan extraño como ajeno. Puede ser tan fuerte como para atravesar nuestros cuerpos y hacernos danzar sobre cuestas imposibles o frágil, muy frágil, como para desaparecer por completo al no ser recordado. El patrimonio es tan inalterable como vulnerable. No deberíamos olvidar esto...

Pablo de 15 años al cuidado de unas cabras en la romería de Chinamada.
San Cristóbal de La Laguna/Tenerife
Museo Mara Mao creado por el artista José García Pillimpo, Villa de Teguise.
Teguise/Lanzarote
Casa tradicional en ruinas e intervenida con grafitis en Arrieta.
Haría/Lanzarote
Barandilla en entrada a casa de autoconstrucción.
Gáldar /Gran Canaria
Altar de la iglesia de Nuestra Señora del Carmen en Caleta de Sebo.
Teguise/La Graciosa
Diversos utensilios rurales: artesas, taños de anea, lebrillos y jarras de finales del siglo XIX a mitad del siglo XX en el Museo La Fortaleza.
Santa Lucía de Tirajana/Gran Canaria
Retrato de Pedro El Carrero miembro de Los Amigos de los Guanches de Icod de los Vinos en la romería de Chinamada.
San Cristóbal de La Laguna/Tenerife
Mural exterior del Centro Municipal de Juegos Tradicionales.
San Cristóbal de La Laguna /Tenerife
Tatuajes del brazo de Luis en el restaurante de comida canaria en el que trabaja en El Cercado.
Vallehermoso/La Gomera
Momia o mirlado exhibida en el Museo Arqueológico Benahoarita con un torso que pertenecía al cuerpo de una mujer y cráneo de género masculino.
Los Llanos/La Palma

La identidad como ambivalencia

Dara Medina Chirino

Solía pensar que la fotografía −y cualquier otra forma de expresión creativa− suponía un ejercicio de búsqueda de una esencia y que, por tanto, como observadora, debía buscar en las imágenes esa condición: un mensaje, un concepto, una teoría. Cuando conocí a Rafael Arocha me adentré en el mundo de la duda y de la sospecha a través de las imágenes, y con nuestras conversaciones, y a través del acercamiento a su trabajo, descubrí una manera de entender el arte muy parecida a la manera en que entiendo la sociología: como una forma de abordar la realidad desde el cuestionamiento, incluso, de la propia idea de realidad.

Igual que la perspectiva sociológica cuestiona los relatos identitarios como algo fijo e inmutable, Rafael Arocha presenta en este trabajo una narración viva sobre el patrimonio y la identidad que invita a pensar en quiénes somos más que como un atributo, como un proceso.

En las fotografías de Rafael hay toda una puesta en escena de prácticas patrimoniales y de identidades colectivas, también de construcción de paisajes y símbolos, que muestra una posibilidad acerca de cómo toda una comunidad se representa a sí misma, a veces desde esferas ampliamente reconocibles, a veces desde lugares incómodos. Y es en la observación conjunta de todas estas performance sociales donde podemos encontrar la alerta sociológica que advierte Arocha: la identidad es una trampa...

El Parque Nacional de Garajonay declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad es, además de uno de los últimos reductos de bosque de Laurisilva, escenario de múltiples leyendas y mitos. En la fotografía un brezo (erica canariensis) cerca del Roque de la Zarcita.
San Sebastián de La Gomera/La Gomera
Diego, bailarín y miembro de la Asociación folclórica Lemus, durante la noche de la Fiesta de Tesine previa a la Subida de la Virgen de Los Reyes.
Valverde/El Hierro
Muestra de ganado autóctono durante la Feria de Ganado de la 543º Fiestas Mayores de Santiago de Gáldar.
Gáldar /Gran Canaria
Edward durante la Fiesta de La Rama.
Agaete/Gran Canaria
Romería en honor a San Isidro en La Victoria de Acentejo.
Santa Cruz de Tenerife/Tenerife
Espiga de cebada de variedad prehispánica cultivada por Samuel en el Natero de Artenga.
Valverde/El Hierro
Recreación de una lapa que se custodia en el garaje de Cristina días previos a que salga en la procesión de la Fiesta de La Lapa de Caleta de Caballo.
Teguise/Lanzarote
Tambores del grupo de la Asociación folclórica Lemus durante la noche de la Fiesta de Tesine previa a la Subida de la Virgen de Los Reyes.
Valverde/El Hierro
Comparsa Los Cariocas ante el Monumento al Ángel Caído de Juan de Ávalos en la intersección de la Rambla de Santa Cruz y la Avenida Anaga. Santa Cruz de Tenerife fue el único lugar donde el carnaval sobrevivió durante la prohibición de su celebración durante la dictadura franquista.
Santa Cruz de Tenerife/Tenerife
Romería en honor a San Isidro en La Victoria de Acentejo.
Santa Cruz de Tenerife/Tenerife

El pasado
es hoy

Silvia Navarro Martín

“la sociedad no es el resultado de unos procesos irrevocables, sino una permanente invención de sí misma” - Cornelius Castoriadis, 1975

Este trabajo trae, a golpes de flash, destellos reveladores de lo que difícilmente puede expresarse y contarse de otras formas que no sean visualmente. Tradicionalmente, se ha establecido una relación texto-imagen donde se incita al espectador a acudir al texto buscando una explicación de la propuesta visual, no dejando florecer lo que precisamente la imagen propone. Y hablo de ello porque, en este trabajo, creo especialmente importante entregarse a la experiencia, a las preguntas que evoca la propuesta, dejarse llevar por este viaje de lo que no hay prueba escrita de su existencia.

La identidad canaria se manifiesta en los vestigios, en las huellas que deja su búsqueda. Y en esa consciencia de imposibilidad de hallarla, este trabajo nos entrega el viaje, que es precisamente la forma en la que dicha identidad existe...

Sombrero engalanado en la romería en honor a San Isidro en La Victoria de Acentejo.
Santa Cruz de Tenerife/Tenerife
Muestra de salto pastor en La Guancha durante el Beñesmer, celebración inspirada en la fiesta de la cosecha que los antiguos canarios realizaban en agradecimiento a la tierra por los frutos recogidos bajo la luna de agosto.
Galdár/Gran Canaria
“Petroglifo contemporáneo” en la playa de La Francesa en La Graciosa, Parque Natural y Reserva Marina del Archipiélago Chinijo.
Teguise/La Graciosa
Interior de invernadero abandonado en el barranco de los Alguaciles.
Betancuria/Fuerteventura
Escultura homenaje al camello de Paco Curbelo en la rotonda de Uga.
Yaiza/Lanzarote
Montículo de piedras provenientes de un bancal, según un vecino de la zona, creado por visitantes a la montaña de Tindaya.
Fuerteventura
Fachada de casa local en el barrio marinero de San Andrés.
Santa Cruz de Tenerife/Tenerife
Jardín particular con especies autóctonas en Casillas del Ángel.
Puerto del Rosario/Fuerteventura
Bandera oficial de Canarias y cigarrillo durante un descanso en la fiesta de La Rama.
Agaete/Gran Canaria
Escalera e imagen de Santa Cecilia en la Iglesia de Nuestro Señora de la Concepción.
Valverde/El Hierro

Echar de menos Canarias: la posmodernidad y los devenires temporales de
la magua isleña

Pablo Estévez Hernández

“Ahora que en la era posmoderna ustedes se sienten dispersos, yo me centro” - Stuart Hall

Rafael Arocha permite que los colores de sus fotografías brillen y bailen. Hay una extraña sensación de movimiento, como las imágenes del libro que sostiene el protagonista del cuento La puerta en el muro de H. G. Wells, que se cuela en un jardín tras una puerta misteriosa en un muro. En una de las fotografías de Arocha, unas escaleras rojas conducen a una casa pintada de blanco, aseguradas por una barandilla que parece ser una valla municipal incorporada en lo doméstico, que bien pudieran ser un portal hacia el animismo vernáculo ―como en el libro raro de Wells― de lo que acontece delante del objetivo de Rafael. La puerta ‘mágica’ se me antoja pues traducida al cosmos caótico-urbano de los barrios canarios, donde el eclecticismo arquitectónico ha cimentado un paisaje de fantasías sociales, mezclando una miríada de materiales y técnicas, como en los bellos cuadros de casas autoconstruidas de Ángel Padrón.

No es solo el paisaje urbano: una chica vestida de maga muestra su espalda y parece como si los bordados de su traje treparan, mutando sus flores de hilo a tinta, hacia el enorme tatuaje que sube hasta su nuca. Esta mutación es lo que precisa Arocha, es su obsesión: captar el encaje de lo artificioso sobre la base de una cultura tradicional. Es como si también armara su propia casa, autoconstruida, tomando los elementos disonantes de la cultura material popular. La invocación de la ancestralidad se muestra en carne viva ―a golpe de click―, sin tiempo a una puesta en escena, a ocultar rasgos contemporáneos para relucir inmaculada. Algo en las fotos me recuerda a la espontaneidad y la alienación de un precioso cuadro de Andrea Moreno, en la que una chica vestida de maga retorna en guagua, sola, alumbrada por la pantalla de su móvil, al igual que otra maga de las fotos de Arocha que porta un móvil en el delantal de su traje. La intrusión moderna es constante: los coches, las motos y las señales de tráfico se interponen en la representación; los sombreros cargan demasiadas cosas… Todo parece próximo a derrumbarse, a saturarse, a colapsar. Pero yo creo que son apariencias fruto de un primer visionado. Sus fotografías son ‘jeroglíficos sociales’ con claves mucho más complejas...

Restos óseos del extinto lagarto gigante de La Palma (gallotia auritae) que se encuentran en el Museo Arqueológico Benahoarita hallados durante la construcción de una carretera en el Barranco de Las Angustias.
Los Llanos/La Palma
Cabra autóctona en la “casa vieja” de la carretera de Punta de Jandía.
Pájara/Fuerteventura
Muestra de vestidos típicos con motivo de la festividad de la Virgen del Pino.
Las Palmas de Gran Canaria/Gran Canaria
Recreación de poblado aborigen en el Museo arqueológico de La Gomera.
San Sebastián de La Gomera/ La Gomera
Retrato de Gara y Saray, primeras mujeres en ser bailarinas de la Danza de lo Enanos de la Bajada de la Virgen de las Nieves desde 1905.
Santa Cruz de La Palma/La Palma
Mural en comedor de restaurante en Caleta de Sebo.
Teguise/La Graciosa
Punto “photocall” en La Molina de la Charca.
Puerto del Rosario/Fuerteventura
Barca en la carretera hacia Chejelipes en la localidad de El Atajo.
San Sebastián de La Gomera/ La Gomera
Restos del pescante construido en 1907 ligado a la industria y cultivo del plátano y testigo de los movimientos obreros del municipio que derivaron en los sucesos de Hermigua (1933) así como de la brutal represión franquista posterior.
Hermigua/La Gomera
Petroglifo benahoarita hallado durante la reforma de una vivienda turística en La Montañita (El Paso) que se encuentra actualmente en el Museo Arqueológico Benahoarita.
Los Llanos/La Palma